miércoles, 27 de mayo de 2015

Stolen Kiss

¿Quién le ha robado su primer beso a RyeoWook?
¡FELIZ CUMPLEAÑOS JIRAFITO!
Kim RyeoWook corrió por los pasillos, todo era oscuro, apestaba a humedad y se sentía completamente solo. Lo quería, lo necesitaba, pero sabía que no podía llegar a verlo si es que no pasaba por aquel túnel, necesitaba llegar, deseaba entregarle aquello que desde hace tiempo había reservado solamente para él. Iba tarde, su mochila tambaleaba con cada zancada que sus fuertes piernas daban y, aunque aquello le incomodaba, no podía detenerse. Era tarde, muy tarde.
Apoyó las manos en sus rodillas, dándose unos segundos para tomar un poco de aire antes de ingresar a la estación. Sentía calor aunque estuviera a punto de nevar, el ejercicio hacia su efecto. Ryeo sonrió, sacando de su mochila los audífonos negros que él le había dado hace ya un par de meses, uno de sus mayores tesoros.
Kim contaba los segundos, las canciones no le estaban ayudando, se encontraba inquieto y deseaba que el mayor no fuera puntual esta vez, pero JongWoon siempre había sido un chico ejemplar. Era su culpa, su madre le había obligado a ir de compras en la mañana y se despreocupó, para cuando llegó a casa apenas tuvo tiempo de arreglarse y abrigarse.
RyeoWook dejo su mochila estampada con jirafas en el suelo, apoyándose en una esquina del vagón, recordando. Conocía a JongWoon desde pequeño, hace unos 13 años más o menos, en ese entonces ambos iban a jardín de infantes. No recordaba con exactitud cómo es que el mayor era de niño, puesto que era muy pequeño en ese entonces, 3 y 6 años para ser exactos, pero sabía que era guapo, según su madre, no paraba de repetirlo cuando llegaba a casa.
Sonrió, YeSung siempre había sido apuesto, aunque jamás le había gustado como es que los demás lo miraban. RyeoWook cerró sus ojos, una risa escapó de sus labios en el momento que recordaba a esa tonta de TaeYeon completamente mojada, le había tirado agua con la manguera de la escuela solo porque había esparcido el rumor de que su hyung era un pervertido.
Tantos recuerdos lo invadían en ese momento, pero el “pequeño jirafo”, como le decían sus amigos de cariño, sentía que era mejor así, puesto que el tiempo se pasaba más rápido. Las letras de ‘SUPER JUNIOR’ le llegaban, comenzaría a escuchar mucho más a ese grupo, definitivamente, recordar su infancia con su hyung era grato.
La primera vez que vio las tortugas de Jongwoon le parecieron bonitas, sin embargo, cuando viendo un documental de animales se enteró de que podía perder un dedo si lo mordían se preocupó. Recuerda haber llamado todas las noches a casa de su amigo solamente para asegurarse de que el mayor mantenía sus veinte dedos en su lugar. No toco a Ddangkoma por más de dos meses, por más que el mayor le insistía, él amaba tocar el piano y no se arriesgaría. Sin embargo, en ese tiempo descubrió lo especiales que eran esos animales para el mayor. Las tortugas se convirtieron en sus enemigas, si antes les temía ahora las envidiaba, Wookie quería ser igual de importante para el mayor que sus ‘hijas’, hijas que han crecido considerablemente este tiempo, las que ahora son sus herederas oficiales, puesto que JongWoon las convirtió en su prole.
El recorrido era largo y tantos minutos con los ojos cerrados comenzaron a pasarle la cuenta, Morfeo quería reclamarlo y había colocado baladas en su lista de reproducción para relajarlo. Su respiración se hizo pausada, la temperatura dentro del vagón era demasiado agradable, estaba relajado, definitivamente se dormiría pronto. Sin embargo la vida tiene sucesos inesperados.
Kim RyeoWook sintió como es que su bufanda era bajada, al comienzo creyó que era parte de algún sueño o fantasía, no obstante, cuando unos labios se posaron sobre los propios supo que era la realidad, la dura realidad que ahora lo golpeaba de frente. Para cuando abrió los ojos solo pudo distinguir una silueta delgada correr hacia el comienzo del tren, unos jeans y una chaqueta negra.
Se quedó allí, quieto, sus ojos se llenaron de agua salada ¿De qué le había servido guardar su primer beso para su hyung si alguien se lo acababa de robar? ¿Qué le entregaría ahora? Miro en dirección a sus zapatos preocupado, le había dicho que le entregaría algo muy importante y ya no podría hacerlo. Fue entonces cuando el enojo se hizo presente, su delgado cuerpo tembló, levantó su zurda y secó aquellas lágrimas que amenazaban con escapar. Lo encontraría.
Camina decidido, observando fijamente, analizando a todo aquel que lo rodea. No le importa nada más que encontrar al ladrón de su primer beso, incluso su cita pasa a segundo plano. Kim recorre con lentitud los vagones, tiene tiempo aún, le quedan veinte minutos de viaje aún.
Entonces lo ve allí, un chico castaño, mucho más alto que él, lleva jeans y un abrigo negro. Es él, se dice a sí mismo, el ladrón. Está junto a otro muchacho, de cabello castaño claro, el cual no para de repetir incoherencias, tal vez esta ebrio, un chico sobrio jamás se vestiría completamente de rosa. “KyuHyun, nos bajamos en la próxima” escucha, entonces decide que debe actuar ahora.
RyeoWook sujeta su mochila en su espalda y avanza con decisión, toma la muñeca del tal KyuHyun y hace que se voltee. ─ ¡Sinvergüenza, me has besado! ─El vagón guarda silencio y Kim siente las miradas sobre su espalda. El muchacho afectado lo mira con extrañeza.
─ ¿Te has drogado renacuajo?
─ ¡No mientas! ¡Yo te vi! ─El acusado le hace unas señas para que baje la voz, sin embargo el pequeño jirafo no lo escucha y sigue gritando con fuerza.─ ¡Me besaste y saliste corriendo! ¡Pervertido!
─ ¡Él ha estado todo el tiempo conmigo! ─ Y ahora es Wookie quien parece el ebrio. No puede evitar resignarse y fruncir el ceño al notar como es que el chico rosado de trasero mutante, el cual acaba  de descubrir, jala de la mano al ladrón y salen del vagón, han llegado a su estación y el único y principal sospechoso ha desaparecido, pero Kim se ha propuesto seguir  buscando al culpable, sin embargo entra en pánico, debe bajarse en la próxima estación, ya no hay tiempo.
Camina nuevamente, esta vez más rápido, llegando hasta el último vagón cuando el tren comienza a detenerse, RyeoWook baja apenado, no ha podido encontrar al culpable y JongWoon de seguro lo está esperando desde hace ya veinte minutos. Un puchero se apodera de sus carnosidades cuando llega a la escalera que lo dejará en el lugar de encuentro.
Un brazo detiene a Wookie, quién caminaba cabizbajo hacia la salida, el jirafo abre los ojos sorprendido al observar cómo es que la chaqueta negra solo deja ver la pequeña mano de aquel sujeto. Su cuerpo es jalado hacia atrás y él desea gritar, sin embargo una mano llega a su mentón y lo levanta, pronto unos labios se encuentran sobre sus delgados belfos, Kim se pierde en esos ojos negros.
Su boca se abre y un áspero y húmedo músculo ingresa a su cavidad, invitando a su propia lengua a jugar con la intrusa. RyeoWook cierra los ojos y sus brazos rodean el cuello ajeno hasta que el oxígeno se hace necesario. Sonríe, porque frente a él, con chaqueta negra y jeans esta aquel amigo de infancia que tanto quiere, su novio desde hace un mes y medio, quién lo ha invitado al zoológico para que vean juntos al nuevo cachorro de jirafa. Es entonces que la satisfacción se apodera de su ser, cuando descubre que aquel ladrón que tanto persiguió hasta hace pocos minutos, no es más que el chico del cual está enamorado, Kim JongWoon, su YeSung.

Fogata


"Porque RyeoWook solo podía sonreír y disfrutar de la fogata".

YeSung x RyeoWook

YeWook

Super Junior


El sonido característico que realizaba el fuego al quemar las ramas, las pequeñas chispas que volaban, yendo a parar hacia la fría y húmeda arena era algo sumamente relajante, la hermosa vista que se generaba con la iluminación mínima de aquella fogata, la luz de la luna y las estrellas, aquellos puntitos que, poco a poco comenzaban a aparecer, formando diminutos y diversos dibujos en el infinito cielo, los cuales se reflejaban en aquellas aguas puras, transparentes. La música natural generada por las olas, las cuales chocaban directamente con las piedritas amarillas que adornaban de una manera más romántica el paisaje, contrastando de una manera mágica con todo.

Era perfecto, la guitarra descansaba en su regazo, aquel instrumento que aún no dominaba completamente, el cual de a poco había comenzado a tocar, siendo ahora el principal responsable del ambiente que lo rodeaba. Sus bellos, delgados y largos dedos se paseaban con elegancia por las cuerdas, dándole vida a una tonada suave, lenta y perfecta que los envolvía completamente. Su familia, podía observarlos desde su lugar disfrutar, al mismo tiempo que el viento se empeñaba en revolver más su desordenado cabello, actualmente negro.

Le gustaba, su sonrisa sincera era apreciada por aquellos que le rodeaban, el sonido de las olas, la melodía del instrumento, sumado a su hermosa voz generaba una atmósfera perfecta al complementarse, podía sentir la confianza, la cercanía entre todos. El guitarrista no tardó en descubrir como es que aquellos que lo rodeaban comenzaban a acercarse lentamente, “disimuladamente” los dedos se entrelazaban, susurros, abrazos nacían, creándose al ritmo de la música. Podía sentir como es que la arena se movía entre los largos dedos de sus pies, la temperatura era agradable. El ambiente era perfecto.

RyeoWook pudo observar la manera en que HanGeng y KiBum, quienes lo habían acompañado para despedir a su hyung, se encontraban algo distantes de los demás, sentados sobre las enormes rocas, observándose fijamente.
KangIn abrazaba por los hombros a LeeTeuk, observando como es que el sol de a poco comenzaba a esconderse, debido al servicio militar del último poseían bastante poco tiempo para encontrarse. DongHae y Eunhyuk, a unos metros a su derecha, reían del color morado que adquiría el cielo, sus manos unidas era cómplices de las pequeñas luces titilantes que aparecían. SungMin sonreía, apoyado en el hombro de KyuHyun, disfrutando de la melodía suave mientras que el maknae jugaba con sus cabellos. ZhouMi le susurraba cosas a Henry que lo hacían sonrojar. SiWon besaba la nuca de HeeChul constantemente. ShingDong y NaRi esperaban ansiosos los malvaviscos, conversando entre susurros, calentando las manos en el humo de la fogata. Eran una familia, eran su familia, sus amigos a quienes amaba, pero estaba incompleta. Las estrellas y la luna hicieron su aparición y RyeoWook seguía tocando la guitarra.

El calor del fuego, la arena entre sus dedos, el olor del mar, las hermosas estrellas que lo acompañaban, el sonido de la melodía, del mar, los malvaviscos. Pero no era todo perfecto, sonreía, aunque por dentro lo extrañara a horrores, su hyung. Sonreía, le agradaba ver a los miembros de esa manera, aquello lo hacía feliz, lo ayudaba a ser paciente, a mantenerse tranquilo y esperar, esperar con optimismo. Recordar, acordarse de todas aquellas sonrisas, los momentos vividos, las discusiones y reconciliaciones, las palabras de amor. Ser feliz, porque no era el único, YeSung también aguardaba por él, desde el ejército, lugar a donde había ingresado el día anterior.

Sonreía, porque sabía que no estaba solo, tenía a su familia, a sus amigos y a él, a la razón por la que vivía. Ahora solo podía rezarle a las estrellas para que YeSung, desde el regimiento, escuchara su canción, la melodía que nacía desde el fondo de su corazón y que RyeoWook le dedicaba desde la playa.

lunes, 23 de junio de 2014

Stolen Kiss



Kim RyeoWook corrió por los pasillos, todo era oscuro, apestaba a humedad y se sentía completamente solo. Lo quería, lo necesitaba, pero sabía que no podía llegar a verlo si es que no pasaba por aquel túnel, necesitaba llegar, deseaba entregarle aquello que desde hace tiempo había reservado solamente para él. Iba tarde, su mochila tambaleaba con cada zancada que sus fuertes piernas daban y, aunque aquello le incomodaba, no podía detenerse. Era tarde, muy tarde.

Apoyó las manos en sus rodillas, dándose unos segundos para tomar un poco de aire antes de ingresar a la estación. Sentía calor aunque estuviera a punto de nevar, el ejercicio hacia su efecto. Ryeo sonrió, sacando de su mochila los audífonos negros que él le había dado hace ya un par de meses, uno de sus mayores tesoros.

Kim contaba los segundos, las canciones no le estaban ayudando, se encontraba inquieto y deseaba que el mayor no fuera puntual esta vez, pero JongWoon siempre había sido un chico ejemplar. Era su culpa, su madre le había obligado a ir de compras en la mañana y se despreocupó, para cuando llegó a casa apenas tuvo tiempo de arreglarse y abrigarse.

RyeoWook dejo su mochila estampada con jirafas en el suelo, apoyándose en una esquina del vagón, recordando. Conocía a JongWoon desde pequeño, hace unos 13 años más o menos, en ese entonces ambos iban a jardín de infantes. No recordaba con exactitud cómo es que el mayor era de niño, puesto que era muy pequeño en ese entonces, 3 y 6 años para ser exactos, pero sabía que era guapo, según su madre, no paraba de repetirlo cuando llegaba a casa.

Sonrió, YeSung siempre había sido apuesto, aunque jamás le había gustado como es que los demás lo miraban. RyeoWook cerró sus ojos, una risa escapó de sus labios en el momento que recordaba a esa tonta de TaeYeon completamente mojada, le había tirado agua con la manguera de la escuela solo porque había esparcido el rumor de que su hyung era un pervertido.

Tantos recuerdos lo invadían en ese momento, pero el “pequeño jirafo”, como le decían sus amigos de cariño, sentía que era mejor así, puesto que el tiempo se pasaba más rápido. Las letras de ‘SUPER JUNIOR’ le llegaban, comenzaría a escuchar mucho más a ese grupo, definitivamente, recordar su infancia con su hyung era grato.

La primera vez que vio las tortugas de Jongwoon le parecieron bonitas, sin embargo, cuando viendo un documental de animales se enteró de que podía perder un dedo si lo mordían se preocupó. Recuerda haber llamado todas las noches a casa de su amigo solamente para asegurarse de que el mayor mantenía sus veinte dedos en su lugar. No toco a Ddangkoma por más de dos meses, por más que el mayor le insistía, él amaba tocar el piano y no se arriesgaría. Sin embargo, en ese tiempo descubrió lo especiales que eran esos animales para el mayor. Las tortugas se convirtieron en sus enemigas, si antes les temía ahora las envidiaba, Wookie quería ser igual de importante para el mayor que sus ‘hijas’, hijas que han crecido considerablemente este tiempo, las que ahora son sus herederas oficiales, puesto que JongWoon las convirtió en su prole.

El recorrido era largo y tantos minutos con los ojos cerrados comenzaron a pasarle la cuenta, Morfeo quería reclamarlo y había colocado baladas en su lista de reproducción para relajarlo. Su respiración se hizo pausada, la temperatura dentro del vagón era demasiado agradable, estaba relajado, definitivamente se dormiría pronto. Sin embargo la vida tiene sucesos inesperados.

Kim RyeoWook sintió como es que su bufanda era bajada, al comienzo creyó que era parte de algún sueño o fantasía, no obstante, cuando unos labios se posaron sobre los propios supo que era la realidad, la dura realidad que ahora lo golpeaba de frente. Para cuando abrió los ojos solo pudo distinguir una silueta delgada correr hacia el comienzo del tren, unos jeans y una chaqueta negra.

Se quedó allí, quieto, sus ojos se llenaron de agua salada ¿De qué le había servido guardar su primer beso para su hyung si alguien se lo acababa de robar? ¿Qué le entregaría ahora? Miro en dirección a sus zapatos preocupado, le había dicho que le entregaría algo muy importante y ya no podría hacerlo. Fue entonces cuando el enojo se hizo presente, su delgado cuerpo tembló, levantó su zurda y secó aquellas lágrimas que amenazaban con escapar. Lo encontraría.

Camina decidido, observando fijamente, analizando a todo aquel que lo rodea. No le importa nada más que encontrar al ladrón de su primer beso, incluso su cita pasa a segundo plano. Kim recorre con lentitud los vagones, tiene tiempo aún, le quedan veinte minutos de viaje aún.

Entonces lo ve allí, un chico castaño, mucho más alto que él, lleva jeans y un abrigo negro. Es él, se dice a sí mismo, el ladrón. Está junto a otro muchacho, de cabello castaño claro, el cual no para de repetir incoherencias, tal vez esta ebrio, un chico sobrio jamás se vestiría completamente de rosa. “KyuHyun, nos bajamos en la próxima” escucha, entonces decide que debe actuar ahora.

RyeoWook sujeta su mochila en su espalda y avanza con decisión, toma la muñeca del tal KyuHyun y hace que se voltee. ─ ¡Sinvergüenza, me has besado! ─El vagón guarda silencio y Kim siente las miradas sobre su espalda. El muchacho afectado lo mira con extrañeza.

¿Te has drogado renacuajo?

─ ¡No mientas! ¡Yo te vi! ─El acusado le hace unas señas para que baje la voz, sin embargo el pequeño jirafo no lo escucha y sigue gritando con fuerza.─ ¡Me besaste y saliste corriendo! ¡Pervertido!

─ ¡Él ha estado todo el tiempo conmigo! ─ Y ahora es Wookie quien parece el ebrio. No puede evitar resignarse y fruncir el ceño al notar como es que el chico rosado de trasero mutante, el cual acaba  de descubrir, jala de la mano al ladrón y salen del vagón, han llegado a su estación y el único y principal sospechoso ha desaparecido, pero Kim se ha propuesto seguir  buscando al culpable, sin embargo entra en pánico, debe bajarse en la próxima estación, ya no hay tiempo.

Camina nuevamente, esta vez más rápido, llegando hasta el último vagón cuando el tren comienza a detenerse, RyeoWook baja apenado, no ha podido encontrar al culpable y JongWoon de seguro lo está esperando desde hace ya veinte minutos. Un puchero se apodera de sus carnosidades cuando llega a la escalera que lo dejará en el lugar de encuentro.

Un brazo detiene a Wookie, quién caminaba cabizbajo hacia la salida, el jirafo abre los ojos sorprendido al observar cómo es que la chaqueta negra solo deja ver la pequeña mano de aquel sujeto. Su cuerpo es jalado hacia atrás y él desea gritar, sin embargo una mano llega a su mentón y lo levanta, pronto unos labios se encuentran sobre sus delgados belfos, Kim se pierde en esos ojos negros.

Su boca se abre y un áspero y húmedo músculo ingresa a su cavidad, invitando a su propia lengua a jugar con la intrusa. RyeoWook cierra los ojos y sus brazos rodean el cuello ajeno hasta que el oxígeno se hace necesario. Sonríe, porque frente a él, con chaqueta negra y jeans esta aquel amigo de infancia que tanto quiere, su novio desde hace un mes y medio, quién lo ha invitado al zoológico para que vean juntos al nuevo cachorro de jirafa. Es entonces que la satisfacción se apodera de su ser, cuando descubre que aquel ladrón que tanto persiguió hasta hace pocos minutos, no es más que el chico del cual está enamorado, Kim JongWoon, su YeSung.

lunes, 5 de mayo de 2014

Simplemente ChangWook Parte II (FINAL)

  ChangMin~ah…─ Aquello no era normal, el menor no solía observarlo tan fríamente, no le gustaba para nada esa sensación. La sonrisa que RyeoWook llevaba en su rostro desapareció de en ese momento. Sintió como es que el viento comenzó a soplar, sus cabellos negros se alborotaron ¿Desde cuándo el tiempo era tan frío? El invierno se acercaba y no le gustaba eso.
Estoy harto RyeoWookLas palabras lo asustaron, el brillo en su mirada no era como antes. ChangMin avanzó, dos de sus dedos se encargaron de levantar el mentón del más delgado, de pronto, el silencio los envolvía, la atención los rodeaba y no le gustaba, RyeoWook no quería eso, no podrían abrazarse con su novio si todo el mundo los miraba.─…no sé qué pasa por tú cabeza hyung, pero realmente estoy harto de intentar averiguarlo…─ Esa sonrisa lo aterraba, esa expresión lo delataba, Shim ChangMin tramaba algo, nada bueno se avecinaba. Quería huir, correr lejos, encerrarse en la sala de ensayos hasta que no sintiera como es que aquellos ojos oscuros lo desnudaban.─ Se acabó.
Kim caminó, acercándose al cuerpo alto, tomando la muñeca de aquel que avanzaba en dirección a su transporte, no quería soltarlo, no quería que se fuera, no le gustaba estar solo.─Minnie~ah…
¿Acaso no escuchaste hyung? Se acabó ¡Se acabó! ¿Es que no entiendes? Los flash de las cámaras le indicaban que estaba en problemas, tal vez graves. El silencio desapareció en el momento que la negra camioneta comenzó a avanzar por el oscuro pavimento, sintió cómo es que EunHyuk posaba su mano sobre su hombro, fue en ese momento que Kim RyeoWook supo que todo se había acabado.








Tiraría la puerta si es que le menor no le abría, era muy capaz de cumplir con su amenaza, lo sabía. Golpeo con fuerza la madera de la entrada nuevamente, le importaba una mierda que los vecinos escuchasen aquello, ya no era secreto lo que sucedía entre ambos, no después de que el menor se encargara de gritarlo frente a los medios, si lo miraban como si fuese un loco no importaba, podían joderse en el infierno, se lo merecían por metiches. Su ceño se mantenía fruncido, esperando que el alto se dignara a abrir la puerta, queriendo aclarar todo lo que sucedía. Su disgusto era evidente. El sonido de los pasos próximos a la entrada se hizo más fuerte, más cercano, lo desconcentró de su alrededor, las maldiciones que pensaba acerca de los vecinos de Shim desaparecieron, lo sentía tan cerca y a la vez tan lejos. Sin saber exactamente como, apenas observó la manilla ser girada procedió a empujar la puerta con fuerza, ingresando casi de inmediato al departamento del contrario, completamente enojado con él.
Su respiración era agitada, odiaba el ejercicio, aunque solo fuera arrancar de un bar o empujar ese estúpido objeto que, hasta hace poco, lo separaba de su exnovio, su cuerpo mostraba signos de agotamiento desde un comienzo, pese a que no estaba cansado. Las castañas orbes estaban fijas en aquellos grandes ojos que lo observaban con algo de sorpresa, sus puños cerrados, enterrando sus algo largas uñas en la palma de su mano mientras buscaba los insultos adecuados para dedicarle al más joven. Quería gritarle lo que sentía, explotar en su cara y demostrarle que no jugaba, que no era divertido todo lo que sucedía y que estaba sumamente afectado por la situación. Sus mejillas coloradas por la rabia y el alcohol que mantenía dentro de su cuerpo, lo hacían lucir tierno, RyeoWook a veces odiaba eso, que aún en momentos como este su cuerpo luciera adorable a la vista de los demás, no deseaba quitarle la seriedad al asunto.
Caminó con lentitud, sus pasos lo acercaban cada vez más al alto joven, el cual lo esperaba con calma, haciendo que RyeoWook se enfureciera mucho más.─ ¿Por qué no respondes mis llamadas?─ Lo fulminó con la mirada, su rostro angelical se notaba cansado, serio, triste, desilusionado. ChangMin por su parte, lo observaba atentamente, sin querer perder detalles de su expresión, completamente enfurecida pero a su vez sensual, ladeo su cabeza, intentando alejar los pensamientos que gobernaban su mente, su hyung le pedía una explicación, explicación que le daría, a su manera.
Kim estiró su zurda, buscando palpar el atractivo cuerpo del chico más alto, añorando tocarlo nuevamente, sentir la piel ajena pegada a su tacto una  vez más. Se detuvo, a escasos milímetros de su camisa celeste, sintiendo sus ojos humedecerse al no haber alcanzado su objetivo, sintiéndose un completo cobarde al no conseguir su meta. No podía tocarlo, sabía que si sus dedos llegaban a posarse en la perfecta piel ajena, la estúpida sonrisa altanera que tanto le molestaba del menor, no demoraría en aparecer.

Observar aquel frágil cuerpo convulsionar delante suyo no ayudaba para nada, sus hombros se movían levemente al mismo tiempo que las manos del más bajo se hacían puños, apretando sus prendas superiores entre sus dedos con fuerza, buscando una reacción que no obtuvo desde un comienzo. Los constantes sollozos que escapaban de los belfos ajenos, logrando que su cuerpo reaccionara de una manera algo extraña, la manera en que el mayor conseguía todo lo que quería le causaba algo de envidia, enojo, él solo buscaba hacerse el inocente, dejarlo como un culpable frente a los demás. Para todo existían límites y él, se había asegurado de dejarle en claro al mayor que su paciencia se había agotado, pero al más bajito no parecía importarle aquello,  él seguía jugando con fuego, desafiándolo  de una manera única y peligrosa.
Sus extremidades no tardaron en apresar las contrarias, aquellas muñecas excesivamente delgadas, tanto así que podría confundirlas con unas femeninas, fueron capturadas por sus manos, sujetándolas con fuerza por sobre la pequeña cabeza del mayor, dejando a un RyeoWook completamente inmovilizado y sorprendido contra la fría pared de concreto. Max se dedicó a observarlo unos segundos que, aunque fueron breves, pudieron analizarlo tan profundamente, le mayor tenía algo que lo volvía completamente loco. Las lágrimas corrían por los pómulos ahora pálidos  y delgados del más bajo; ChangMin estaba completamente seguro de que sus mejillas pronto estarían sonrojadas, puesto que él mismo se encargaría de ponerlas rojas y Shim ChangMin era un hombre con honor que cumplía sus promesas.
El castaño pudo sentir su miembro palpitar ante la imagen que veía; Kim aparentaba ser frágil, indefenso; se observaba asustado, pero no era así, lo conocía bastante bien como para apostar por ello, llevaban años de relación, por lo que, sabía de antemano que aquella inocente apariencia era simplemente una máscara, una singular faceta creada por él para obtener beneficios. El mayor era un mentiroso hábil, un verdadero genio en el arte del engaño,  un hombre sin escrúpulos que hacía lo necesario para obtener su objetivo, aunque debiese jugar sucio en el intento, Kim RyeoWook era todo un jugador. En simples palabras era un artista completo, no aquel buen chico que todos conocían, sino que un perfecto actor. Le sorprendía el hecho que la compañía no lo incluyera en algún drama o película, ya que si RyeoWook se lo proponía, podría ganar un Oscar por mejor actor o algún otro reconocimiento de prestigio. Pero había algo que RyeoWook no podía ocultar, le enorgullecía ser el único que podía apreciar aquello, Kim no observaba el brillo que emanaban sus pupilas,  Kim no escuchaba el sonido de su respiración agitada, producido por la cercanía que mantenían de ambos, Kim no podía escoder las ansías que lo envolvían al estar en una posición tan íntima, RyeoWook no sabía disimular su deseo y eso lo hacía sonreír. Su sonrisa era ladina, traviesa que alumbraba sus gruesos labios y que, al mismo tiempo, se encargaba de poner más nervioso al mayor de lo que estaba. Definitivamente su hyung era todo un hombre ingenuo, un MUY BUEN hombre.
Sabía que vendrías hyung, dime ¿Por qué tardaste tanto?─ La pregunta quedó en el aire, puesto que el más alto no tardó en acercarse, cortando las distancias que los separaban, atrapando casi de inmediato aquellos delgados labios del de más edad. RyeoWook, quién había abierto la boca para exigir que lo soltase, no pudo evitar aquel beso, asombrado de la acción del menor, queriendo alejarse del musculoso cuerpo de una sola vez para aclarar todo. Pero ChangMin astutamente no lo dejaba, haciendo que su lengua degustara de la cavidad bucal de su hyung, recorriendo hasta los más recónditos lugares de esta, dejando que su húmedo músculo jugará e incitará al mayor, iniciando una pelea entre ambas lenguas, en la cual, ganaba aquel que conseguía lo que quería primero. Conocía el cuerpo de aquel, quién hasta ayer era su pareja, los sitios  que con solo rozarlos hacían gritara de placer, pidiendo más, dejándose llevar hasta conseguir explotar en su abdomen o sobre alguna superficie y no dudaría en aprovecharse de eso.
Max introdujo su pierna derecha entre las adversas, haciendo presión en aquella delicada zona, rozando con descaro su pene al mismo tiempo que se separaba en búsqueda del estúpido y necesario oxígeno, sonriendo al observar un delgado hilo de saliva que mantenía unidas, de alguna forma, ambas bocas. Las mejillas del mayor eran un poema, se encontraban ardiendo, aquello causo que el orgullo lo dominara y envolviera por completo, al haber cumplido su objetivo que se había impuesto en un solo intento. La punta de su nariz se paseaba con libertad por el cuello ajeno, subiendo con suma lentitud por aquella suave piel, llegando al lóbulo de RyeoWook, atrapando este último entre sus dientes, jalando aquel con algo de fuerza. ─ Así que D.O. ─Murmuro gravemente el menor, aplastando el delgado cuerpo contra el concreto, introduciendo su mano bajo las prendas superiores del conocido jirafo, dedicándose a escuchar la respiración acelerada de este.
RyeoWook sintió que se derretía, el tono de voz con que el menor le hablaba lograba que sus hormonas se alborotaran, más aún si es que sonaba así de exigente, demandante, celoso. Su dongsaeng era un celópata, cada vez que poseía alguna actividad con Super Junior terminaba con alguna pelea con Max. La primera y muchas de las veces que siguieron tuvo por blanco a YeSung, luego KyuHyun, KangIn, SiWon, SungMin, DongHae, EunHyuk, HenRy , HeeChul o algún dongsaeng de ZE:A, ahora era D.O quién, al parecer, atormentaba los pensamientos del más alto. Le sorprendía, jamás había llegado hasta los extremos de terminarlo ¡Menos en público!
Te estas comportando como toda una putita, hyung.─ Por alguna razón no le molestaron ni sorprendían aquellas palabras, tal vez el hecho de que sus ojos no podían despegarse de los carnosos labios que el menor poseía, RyeoWook se encontraba completamente hipnotizado en los sensuales y lentos, según él, movimientos que los belfos de ChangMin realizaban al hablarle; una de las manos del menor se encargaba de jalar con fuerza sus cabellos negros, manteniendo su cabeza en levantada, dejando que el más alto degustara el sabor de su piel, Max se empeñaba en morder su cuello con fuerza, buscando marcarlo una y mil veces, provocándolo; la rodilla ajena se paseaba con completa libertad por su entrepierna, sin dejar de moverse en ningún momento, logrando que de los belfos del jirafo solo lograran escapar suspiros.─ Te estas volviendo una zorra RyeoWook, una perra viciosa.─ La sonrisa ladina del menor captó la atención del suju en aquel momento, conocía aquel tipo de sonrisa, las cuales significaban que nada bueno se acercaba. En su vida se había sentido tan intimidado por su dongsaeng, podía apostarlo.─ Una puta Wookie, MI puta.
RyeoWook gritó en el momento que los dedos de ChangMin alcanzaron su duro botón, jalando de este con fuerza. Clamó asustado, suplicándole al menor entre jadeos que dejara de hacer eso, ya que si seguía así no podría ocultar la erección que comenzaba a nacer dentro de su pantalón. Para ChangMin aquello no fue más que una autorización, permitiéndole seguir tirando de aquellas protuberancias cafés, diminutas y calientes que el más bajo poseía, autorizándolo a destrozar todas las prendas que le impedían ver el cuerpo hermoso que su hyung poseía, logrando que telas cayeran en pedazos, dejando un piso adornado en amarillo, marrón y blanco, rodeando ambos cuerpos mudos, los cuales mantenían una batalla silenciosa, pero a la vez única y fuerte.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que los dedos de ChangMin fueran reemplazados por los gruesos labios rojos, los cuales decidieron seguir el trabajo inconcluso que los traviesos falanges había dejado. Las succiones se hicieron presentes, el apetito del dios era incalculable, los dientes rozaban la sensible piel una y otra vez, desesperando a su pobre víctima quién se removía inquieto entre sus brazos. Podía sentir la excitación del más bajo frotarse contra su pierna, el mayor comenzaba a cooperar, Max sabía que no era difícil hacer que Wook se rindiera, al menos para él. Ryeo, mientras tanto, luchaba por seguir resistiéndose, sin embargo su cuerpo lo traicionaba, cada lugar era tocado generaba una reacción en su ser, el menor quería llevarlo al límite, pero no lo dejaría. Su espalda se arqueaba tanto como su flexibilidad se lo permitía, preso en un cuerpo traidor, una mente sorda ante sus peticiones y un corazón traicionero, que lo golpeaba con fuerza en cada rápido latido.
Gimió, un gemido se escapó de entre sus carnosidades en el momento que los dientes del menor lo mordieron nuevamente, para ese entonces Wookie junior ya se encontraba despierto, visible y encerrado entre ambos cuerpos. Se maldijo internamente, era tan débil ante él, tan malditamente vulnerable que se sentía estúpido. Era como los demás, un imbécil que caía rendido a los pies de Shim, del cruel y despiadado Shim ChangMin que jugaba con su cuerpo como deseaba y cuando quería, sin impedimentos. Pero, a diferencia de los otros, Ryeo también podía desesperar al menor y, sabía muy bien cómo lograrlo.
Las manos inquietas de ChangMin apretaron con fuerza los glúteos ajenos, las prendas inferiores de RyeoWook le estorbaban en demasía, pero aún no llegaba el momento de destruirlas. Empujó su cuerpo contra el del más bajo nuevamente; lentamente, las piernas del mayor  rodearon su cintura delgada; sus manos, aquellos famosos, delgados y largos dedos se entrelazaron en sus castaños y algo largos cabellos, la victoria del dios era obvia, nuevamente había logrado que la cordura de Ryeo se marchara, mandando a la mierda su propia prudencia, aquel debate mental que luchaba intensamente se detuvo en el momento que volvió a apoderarse de los rojos y adictivos labios.
Kim RyeoWook no era un ángel, a pesar de que algunos vivieran engañados por su bello rostro, ni siquiera se acercaba a como las fans de Super Junior o diversos grupos lo retrataban. Aquel inocente, puro, sumiso y “virginal” chico, ChangMin podía reírse a carcajadas de eso último ¿Cuántas veces había follado con el mayor? Experimentación, aquella era la definición más correcta para definir su relación. Tantas asombrosas experiencias nuevas al poseer o ser poseído por el de voz más aguda. ¿Cuántas veces RyeoWook había intimado con su persona? Ya que, si bien el eternal había sido el único hombre con el cual ChangMin había mantenido relaciones sexuales, la situación para él era completamente diferente: impuro desde mucho antes de ganarse un lugar en la compañía; precoz, promiscuo, directo, sin escrúpulos, aun recordaba las incontables veces que lo arrinconaba sobre el escenario, en pleno SMTOWN diciéndole “muero por chupártela” o algo parecido, sin temor alguno de que sus declaraciones se escucharan por medio del micrófono encendido que llevaba cerca de sus labios ¿Cuántas veces lo había tocado en medio de las canciones compartidas? Kim RyeoWook no tenía pudor, no le importaba ocultar lo obvio, tal vez la necesidad del mayor por ser sincero consigo mismo y con aquellos que lo rodeaban, una franqueza desbordante que inundaba al más bajo era la razón por la que Max le profesaba amor, quizás ese era el motivo de sus celos. RyeoWook era único, era su hombre, completamente SUYO y, no estaba dispuesto a soltarlo, aunque lo hubiera terminado delante de todos. Esta era su manera de pedirle disculpas, como a su vez, la forma de enseñarle que debía respetar a su dueño, que los jueguitos con las demás personas debían acabar, porque si volvía a hacerlo, el castigo sería peor que lo que ocurriría hoy.
Los labios del menor se separaron entonces del cuerpo del más bajo, la necesidad del oxígeno se hacía presente nuevamente, dejando a dos hombres jadeantes, observándose, necesitados del otro. Fue entonces que Kim RyeoWook tomó una decisión, quiso bajarse del cuerpo ajeno, empujando al menor contra la pared adversa de aquel pasillo, obteniendo un mayor espacio, aquel que le permitió moverse mejor, por supuesto, para provocar al contrario.
Los pantalones caían por sus caderas, las que meneaba con lentitud ¿En qué momento ChangMin le quitó el cinturón? ¡Y una mierda! Nada importaba ahora, menos cuando aquellos lujuriosos y algo dilatados ojos se clavaban en su culo redondo mientras caminaba con lentitud hacia la ya conocida sala.
Eres un hijo de puta Shim ChangMin─ Murmuró el más bajo en el momento que sintió como es que el brazo derecho del menor rodeaba su delgada y perfecta cintura, buscando apresarlo otra vez.─…Me asustaste bastardo, por tú culpa…─ Dio media vuelta cuando ambos cuerpos quedaron frente a aquel sillón rojo, sus dedos acariciaban con vehemencia el lampiño pecho bajo aquella ajustada camisa de tela azul, la cual no tardó en desabotonar, queriendo que ambos cuerpos quedaran en las mismas condiciones. Sus delgados labios se paseaban con habilidad por la marcada clavícula morena, al mismo tiempo que se encargaba de que aquella prenda delgada se deslizara por los fuertes y marcados brazos ajenos.─…SooMan quería partirme el culo─ Confesó, empujando nuevamente para dejarlo arrinconado. Ahora era él quien mandaba. Se vengaría, desahogaría toda aquella rabia y desesperación que el menor le hizo sentir con su cuerpo. Lo haría sangrar.
Los besos no tardaron en llegar, el sonido que provocaban los blancos dientes al chocar quedaba completamente en el olvido cuando ambas lenguas comenzaron a jugar en la boca del más alto, danzando, buscando explorar por completo la cavidad del dios que tenía bajo su cuerpo. Kim RyeoWook sobre Shim ChangMin, sentado a horcajadas con el pantalón bajo  la rodilla, estorbando. Ambos pechos desnudos se rozaban, chocaban constantemente, las manos del pianista se perdían bajo las prendas inferiores del menor, mientras que el maknae jugaba con una de sus partes favoritas del cuerpo delgado del eternal, los erectos y pequeños botones café que lo llamaban constantemente─ SooMan sabe que tú culo me pertenece hyung─ El mayor cabalgaba sobre su cuerpo, provocando a la hombría del orejón, generando un constante y exquisito roce entre ambos cuerpos, aún con las molestas prendas, apresando el erecto miembro del menor con su trasero.─ Él sabe Ryeo, él único que puede tocar ese perfecto culo soy yo. Tú culo es mío hyung.
El más alto lo empujó, haciendo que la figura del más pequeño cayera sobre el rojo sofá, sin separarse de los deliciosos labios ajenos. Sus manos se dirigieron más al sur, terminando con la vida de todas las prendas que intentaban cubrir el excitado cuerpo. Wook jadeo, los bruscos toques del menor solo lograban  calentarlo más, no sabía que aquello era posible. Jalo el cabello del castaño, obligándolo a bajar la cabeza, no obstante, el maknae decidió tomarse su tiempo en aquello, degustando el sabor que la piel perlada le ofrecía, aquel gusto único que solamente podía darse cuando estaba con su hyung.
Tal vez RyeoWook no tenía tantas curvas como aquellas personas que solían ofrecerse, aquellos imbéciles que hacían lo posible por estar en su cama una noche, sin embargo, el mayor poseía algo que lo hacía adicto a su cuerpo, ese encanto natural que lo único que lograba era desearlo, poseerlo, tocarlo. RyeoWook era malo, no conforme con eso, Choikang tenía que observarlo abrazado con otros, restregando su cuerpo con los hyungs de Super Junior o Henry, dongsaengs o las chicas, tenía que aguantarse las ganas de gritarle al mundo que el jirafo tenía dueño, uno que no lo soltaría jamás.
Fue con esos pensamientos que ChangMin se apartó, terminando de bajar las estorbosas prendas, el cuerpo desnudo de RyeoWook se mostraba en todo su esplendor, brillaba sobre aquel sofá, tentando a un simple mortal que no podía resistirse a tanta seducción. Su mano tocó la erecta hombría, apretando el duro eje mientras lo masturbaba con lentitud, su sonrisa no desapareció jamás, feliz de poder tener al mayor en su sala, solo para él. Pero debía castigarlo, sus constantes insinuaciones a otras personas terminarían el día de hoy.
Se sentó como pudo sobre aquel rojo sillón, sus fuertes brazos jalaron el cuerpo ajeno, dejando a RyeoWook sobre sus piernas, con el culo alzado y las manos sujetas sobre su espalda baja. ChangMin estiró su mano, no le fue difícil alcanzar su camisa celeste. Kim, por su parte, lo miraba extrañado, sin comprender las acciones contrarias, eso hasta que sus muñecas estuvieron capturadas, apresadas por la prenda ajena, completamente inmovilizadas, esposadas por un firme nudo de marinero. ─ Has sido un mal hyung─ Su mano cayó con fuerza en el trasero ajeno, dejando el cuero con un tono rojizo. ─ Quiero mi recompensa.
El sonido que provocaba aquel choque  de pieles se escuchaba por toda la sala, el ardor que nacía en sus glúteos recorría su cuerpo, llegando hasta su entrepierna erecta, haciendo que de su glande cayeran gotas mientras los azotes eran dados. ChangMin lo castigaba cual niño pequeño. Kim quería reclamar, su cuerpo se removía, sus nalgas rebotaban con cada golpe dado, el calor aumentaba. Mordió su comisura inferior, intentando inútilmente mantener los quejidos en sus labios, los agudos gemidos que, podía apostar, eran música para las enormes orejas contrarias.
RyeoWook fue obligado a ponerse de pie, de frente al hombre alto, quién paseaba su diestra por su eje endurecido, aún bajo las prendas. Podía sentir la mirada pervertida de su ex pareja en su cuerpo, el ardor de sus muñecas con cada movimiento realizado en búsqueda de su liberación,  el calor en su trasero producto de los golpes anteriormente dados, la desesperación de su miembro por ser tocado.─ Minnie~ah─ Lo provocó, pasando su lengua con lentitud por sus labios al mismo tiempo que sus rodillas tocaban el piso, sus piernas se separaron, su boca estaba abierta a la altura de la cadera contraria, dejando que la sin músculo se paseara con agilidad por sobre el bóxer ajeno, marcando aquel visible miembro sobre la ropa. La diestra de Choikang se interpuso entre ambos cuerpos, el olor varonil que emanaba esta volvía loco a Wook, quién no tardó en introducir en su cavidad cada uno de los dedos ofrecidos lentamente, dejándolos húmedos con su caliente saliva. Shim no tuvo que esperar mucho, cuando retiro la mano los dientes ajenos  buscaron la manera de llegar al elástico de sus interiores, bajando aquellos con lentitud, recibiendo su premio al haber resistido las palmadas.
El eternal aspiró, sintiendo el olor a excitación, el olor a placer que emanaba aquel enorme pene, miembro que lo entretendría bastante. Una sonrisa apareció en los delgados labios, dejando un pequeño beso en el glande, antes de que su traviesa lengua degustara la piel ajena, bajando con dedicación hasta los testículos ajenos, procurando marcar cada una de las sobresalientes venas que destacaban del miembro contrario. Envolvió los testículos con su  lengua, introduciéndolos a su boca, apresándolos en sus mejillas, succionando con fuerza antes de volver a subir con lentitud hacia la punta del falo, volviendo a repetir las acciones un par de veces. Sus ojos castaños estaban fijos en los del maknae cuando sus labios rodearon la caliente longitud, comenzando a descender, queriendo mantener gran parte de aquella carne dentro de sus belfos.
ChangMin estiró su cuello, ambas manos se apoyaron en la cabeza del adorable chico en el momento que comenzó aquel trabajo, lo dejaría imponer su lento ritmo unos segundos, segundos que le parecieron eternos, como él. Choikang movió sus caderas levemente antes de cargar el rostro del mayor contra su cuerpo, jalando de su pelo para facilitarle el trabajo, follando su boca tal y como deseaba hacerlo desde hace que entró a su departamento aquella tarde. El sonido de las succiones era embriagante, Shim sintió que podría morir así, sintiendo al mayor satisfacerlo como solo él sabía, recibiendo aquel placer único mientras escuchaba aquel agradable sonido que causaban las succiones, definitivamente, era un hombre feliz, pleno que disfrutaba la vida.
RyeoWook separó su rostro de la hombría ajena en el momento que sintió como es que su cabello fue tirado con fuerza, sus labios estaban hinchados, rojos y entreabiertos, sus mejillas completamente sonrojadas y su respiración volvía a ser agitada. El menor puso las manos bajo sus axilas, levantándolo del piso para sentarlo sobre él, Kim separó las piernas, dejando su trasero en alto, buscando la posición perfecta para ser embestido, queriendo sentir al miembro ajeno dentro suyo lo más pronto posible.
El pene de Shim ingresó de una vez a su cuerpo, abriéndose paso en su interior de una sola vez, el jirafo gruñó, a pesar de estar acostumbrado a ser embestido por el menor, su enorme miembro seguía haciéndole daño en un comienzo, no obstante, era impaciente, no tardó en comenzar a cabalgar, siendo ayudado por el alto en todo momento.
Los sonidos que las pieles generaban al chocar eran únicos, pero ambos cuerpos no lo sentían, sus mentes divagaban en el placer que obtenían al estar nuevamente unidos. Los movimientos eran cada vez más veloces y la temperatura más caliente. Un gemido gutural escapó de los labios de Ryeo cuando su punto G fue encontrado. Shim apretó su trasero, separando sus glúteos para poder ingresar más profundamente en su interior.
Suspiros eran escuchados, gemidos ahogados provocados por las manos del eternal sujetando los hombros de Max, apoyándose en el cuerpo adverso, intentando aumentar el ritmo desenfrenado de las penetraciones. Choikang, cerraba sus ojos, enterrando las uñas en la piel del jirafo, sintiendo como es que las pequeñas gotas de sangre tibia se mezclaban con se propio sudor. Nalgueo el culo redondo cuando RyeoWook mordió con fuerza la piel de su cuello, sintiendo como es que sus dientes perforaban su piel y la jalando esta misma intentando acallar sus agudos gemidos.
Wookie meneaba sus caderas, moviéndolas de un lado a otro para apretar aún más el miembro contrario, murmurando entre mordidas frases incomprensibles debido a la satisfacción que sentía al ser embestido, al montar a ChangMin. Sintió sus piernas flaquear por los movimientos realizados, pero no se detuvo, no hasta que fue levantado por el reno, quién se incorporó sin salir de su interior, llevándolo hasta la mesa, a unos cuantos metros.
RyeoWook rodeo el cuello con ambos brazos, sus piernas se mantenían alrededor de sus caderas, juntó sus labios con las carnosidades contrarias, generando un contacto fogoso entre ambas lenguas, gimiendo dentro de aquel beso fabuloso del cual era participe.
ChangMin estiró su brazo sobre la superficie, arrojando todos aquellos objetos que se mantenían sobre esta al suelo, empujando a su hyung sobre la mesa cuando esta estuvo despejada. Kim abrió nuevamente sus piernas, Max tomó ambos tobillos y los levantó, se aprovechaba de la excesiva flexibilidad ajena, abriendo casi por completo las piernas del contrario mientras lo observaba, al mismo tiempo que su glande rozaba la abierta entrada con una sonrisa.─ ¿Qué sucede hyung? ¿Ya estás cansado?
─ V-vete a la mierda…─ Tan fino que era su hyung, ChangMin podría haber reído de aquella frase, sin embargo, no lo hizo. Enterró su hombría hasta el fondo de una sola vez, haciendo gritar al delgado Kim, quién arqueaba su espalda, su nuca apoyada en la superficie, gimiendo, demostrando su placer con sus agudos gritos que, de seguro, se escuchaban en todo el piso. Kim cerró los ojos en el momento que las manos de Max soltaron sus tobillos para viajar hacia el resto de su cuerpo. La zurda del más alto se encargaba de pellizcar sus erectas tetillas mientras que la diestra se encontraba en el miembro erecto y goteante que se movía por cada penetración recibida. RyeoWook sintió que moriría.
Fuck me…─Los sonidos de ambos cuerpos, los testículos ajenos chocando constantemente con el redondo trasero, la posición deliciosa, que curvaba levemente al gran miembro que se enterraba en su interior, solo detonaban más gritos. Con las manos afirmando las orillas de la mesa, Wookie se sostenía como podía, intentando resistir aquello, sintiendo como gotas de sudor caían por su piel, manchando el mueble bajo suyo, que se movía con cada nueva penetración dada.─ …Y-ya estoy ¡Oh~ mierda! ¡Ahí de nuevo!
Era un dongsaeng obediente, quién sentía cada vez más estrecho al mayor, el cual apretaba su entrada constantemente. Sus uñas rasguñaban aquel miembro que masturbaba, pudiendo notar como es que le líquido blanco comenzaba a salir de a gotas, pero se escapaba. ChangMin dejó de tocar su torso, apoyando una de sus manos, sacando su miembro por completo para luego volver a adentrarlo con brusquedad, haciendo que RyeoWook arañara lo que se encontraba a su alcance, mordiendo su belfo inferior.
En momentos como este no habían romanticismos, no existían las caricias, simplemente eran penetraciones, cuerpo quemándose y haciendo arder todo lo que se encontraba a su alrededor.
Entonces ocurrió, el líquido blanco comenzó a escapar, largos y potentes chorros de esperma blanca bañaron el vientre bajo del maknae, haciendo que RyeoWook viera estrellas, logrando que su entrada se apretara mucho más en el proceso, para que, en unos pocos vaivenes más, Choikang siguiera su ejemplo, arqueando su espalda cuando su leche le inundó el culo al más bajo, con los dedos de los pies estirados y los ojos en blanco, disfrutando del sonido que realizaba la respiración agitada del cantante.
Shim abrazó entonces el cuerpo del mayor, quién se reincorporaba lentamente, con una sonrisa boba en sus labios, rodeando los hombros ajenos mientras que su dongsaeng se recuperaba de aquel potente orgasmo, aún con su miembro enterrado.─ Vamos a la cama ─Murmuró el eternal, acariciando los castaños y sudados cabellos, por hoy no importaba nada más, por hoy no quería explicaciones, no las necesitaba. Simplemente añoraba sentirse querido, amado entre los brazos del menor por la eternidad, si es que era posible.
Choikang salió con lentitud del cuerpo delgado, dejando cortos besos en su rostro mientras lo ayudaba a incorporarse, tomando su adolorida cintura mientras lo llevaba a la cama, se sentía cansado, el estrés provocado por la preocupación de su hoobae se había acabado cuando lo vio ingresar al departamento, ya no importaba nada más que estar junto a él, no lo soltaría más, nunca más.






Escuche que Lee SooMan los mandó a llamar ¿Qué quería el viejo de mierda? Ryeowook, te juro que si el anciano te quiere echar del grupo yo mismo lo demando por negarme el alimento.
─HeeChul hyung, no debería decir eso, puede que lo estén escuchando─ SungMin hablo, observando los espejos mientras recargaba su nuca en el hombro de KangIn.─ Por cierto Wookie, apareció el orejón ese ¿Dónde mierda está metido? ¡¿Y dónde está KyuHyun?! Si el muy idiota esta con Max ahora los golpearé a los dos.
─Minnie hyung no es necesario─ Un RyeoWook bastante sonrojado intentaba ocultar su mirada bajo el flequillo.─…Volvimos.
Silencio, nada pudo escucharse en la sala de ensayos ¡Incluso ShingDong dejo de bailar en ese momento! Acercándose al eternal, formando un semicírculo para concentrarse en las palabras de su dongsaeng.
Definitivamente, no te entiendo Ryeo, es decir ¡Después de todo lo que te hizo…!
─Déjalo DongHae, es un puto masoquista─ Interrumpió EunHyuk con la mirada fija en el sonrojado, justo en el momento que KyuHyun, YunHo y ChangMin ingresaban a la habitación.
Ya me puedes decir ¿De qué va todo esto? ¡Estaba hablando con JaeJoong! Tú sabes cómo se pone cuando le corto el teléfono ChangMin. Esto no quedará así.
Los dos chicos sonrieron, ampliando el espacio para que todos pudieran estar escuchar aquello. Max se acercó al eternal, dejando un beso en su mejilla mientras el mayor comenzaba a hablar, contándole la conversación que ambos habían mantenido con los ejecutivos de la compañía.
…Y entonces decidieron que podíamos vivir juntos ¡Al fin hyung! …Pero no sonrían tanto, no dejaré esa habitación todavía… ¡Ya! ¡Kim HeeChul!






─Y entonces ¿Te irás al servicio militar babyhyung?Preguntaba Max acariciando el cabello negro del mayor, quién reposaba en su pecho.
Eso dijo SooMan
¡Pero hyung…!Intentaba debatir el más alto.

Shh~ eres muy ruidoso Minnie~ahSonrió de lado Ryeo, estirando su cuello para dejar un pequeño beso en sus comisuras.─ Le dije que se podía ir a la mierda.

sábado, 5 de abril de 2014

Simplemente ChangWook Parte I


Toco la oscura puerta que estaba frente a él, mentiría si dijera que no sentía nada de miedo, muy por el contrario, su cuerpo tiritaba debido a lo que podría pasar dentro de aquel lugar, el escándalo era la noticia más famosa de las últimas horas, la más caliente y hablada del día “Shim ChangMin y Kim RyeoWook, relación homosexual prohibida” “Especulaciones del quiebre de la pareja gay más famosa de Corea del Sur” “¿Será qué SM crea homosexuales?” Cuantos titulares similares había leído en este último tiempo, si ayer estaba desconcertado por la forma en que su dongsaeng lo había cortado, de una manera completamente pública. Hoy los titulares lo atacaban, tachándolo de ‘maricón’ y cosas por el estilo.

Se asustó, cuando el mánager hyung llegó a desayunar con los miembros, junto a un sobre blanco dirigido a su persona, se aterró cuando abrió aquel, observando que en su interior había un formulario, aquel que ya conocía, el mismo que había llenado KangIn, HeeChul, LeeTeuk, YeSung y ShingDong hyung antes de ingresar a su servicio militar obligatorio. Pero él no quería ir a la milicia, aunque lo desterraran de su país, tenía la opción de negarse puesto que era hijo único, las leyes permitían que se negara, su honor ya manchado por los diversos comentarios de los distintos foros, la prensa y los medios de comunicación en general, estaba lo suficientemente dolido como para añadirle otra razón, si ya era la vergüenza de Corea ¿Por qué servirle a la patria ahora? Medidas populistas, eso es todo lo que realizaría la compañía para limpiar su imagen. Suspiro en el momento que tomó su gorro y caminó junto al manager hacia la camioneta, sabía dónde se dirigían, no era estúpido, Lee SooMan lo había llamado.

Con los ojos llorosos observó la puerta negra, tomó aire una última vez antes de proceder a girar la helada manilla dorada de adornaba el acceso. Entrando completamente en silencio, observando al jefe de la compañía de la cual procedía y a la que le debía la fama que había ganado estos últimos años.
Te esperaba RyeoWook, por favor toma asiento. ─Esa mirada comenzaba a asustarlo, sus dedos casi de inmediato comenzaron a apretar la tela de su pantalón mientras sólo movía la cabeza en señal de saludo, Lee ahjusshi era extraño, siempre lo había intimidado. Se sentía pequeño, indefenso y en peligro, pero no podía correr, no allí.─ Debes suponer la razón de esta “reunión”.─ Se aterró aún más en el momento que una sonrisa cínica apareció en el rostro de su jefe, se le notaba bastante disgustado por la situación que sucedía, sin embargo, parecía que el de más edad disfrutaba verlo aterrado.─ …Como compañía no estamos dispuestos  a aceptar una situación de tal procedencia, por lo que, hemos agendado tu ingreso al servicio militar dentro de las próximas semanas.

Fue allí que comenzó a sentirse más débil, agradeció estar sentado, ya que aseguraba que de haber estado en pie se hubiese caído, en el peor de los casos desmayado. Mordió su labio inferior, su cabeza se mantuvo baja en todo momento, el mayor hablaba de las consecuencias que aquello podría causarle a la compañía, del fracaso que Super Junior y TVXQ! Comenzarían a tener por su culpa, todo era su culpa. Las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos, no lloraría, no delante de Lee ahjussi, sus dedos comenzaban a ceder.

Asistió entonces, observando aquel papel que el mayor le extendía.─ Firma RyeoWook, no queremos más problemas.─ Fue entonces cuando dos tipos vestidos de traje, elegantes, bastante más altos que su persona y mucho más anchos de cuerpo, se colocaron junto al de mayor cargo, desconcentrándolo completamente de la hoja, querían que firmara, lo presionaban. Leyó lo más rápido que pudo aquel papel, un contrato que lo obligaba a obedecer las normas al pie de la letra, sacándolo de las actividades hasta que ingresara al ejército.

RyeoWook se puso de pie y camino a la salida, no fue hasta el momento que salió de aquella oficina que volteo a observar por última vez el rostro de su jefe antes de retirarse.






Las noticias en Corea se reparten rápido, los sitios en internet no tardaron en llenarse. Las principales páginas se encontraban colapsadas, algo que normalmente ocurría, salvo que esta vez el nombre que destacaba en los encabezados de cada noticia era el suyo. En el pasado estaría orgulloso de aquello, siempre había soñado con ser el miembro más popular de su agrupación, aunque fuese por poco tiempo. Pero, a medida que pasaban los años comenzaba a rendirse con respecto a aquel sueño, los otros miembros eran increíblemente hermosos y talentosos, solían demostrar sus incontables encantos, aún de manera inconsciente, en las diversas actividades que desarrollaban, siendo el mismo catalogado como el miembro más tímido, aquel chico que se caracterizaba por preferir los shows de radio antes de aparecer en la TV, pero que a su vez, amaba ser parte de un proyecto tan importante como Super Junior, un chico que deseaba permanecer allí, con sus hyungs, siempre.

Cuando toda aquella ilusión no era nada más que imposible, se cumplió de una manera que jamás en su vida se habría imaginado. Un escándalo de gran magnitud que ahora lo tenía entre la espada y la pared. Siempre había destacado por ser una persona bastante reservada, su vida personal sólo era un tema suyo ¡Ni siquiera sus padres conocían su situación sentimental con claridad! Nunca había escuchado un rumor justificado hacia su persona. Sin embargo, actualmente sólo observaba imágenes suyas en los medios masivos de comunicación, fotos suyas y del menor maknae de TVXQ! Famosos ahora por mantener una, o haber tenido una relación de pareja catalogada por gran parte de la sociedad como inmoral y sucia.

Se preguntaba si en el lugar que el menor estaba podía observar aquello, más bien dudaba que no se hubiese enterado de todo el escándalo, en todos los canales de TV hablaban de lo inmoral que eran, algunos cuestionaban a TVXQ! Y Super Junior. El cómo bastantes rostros conocidos se sentían en derecho de opinar y juzgar su vida sexual le dolía, aquellas personas que aparentaban ser sus amigos, con quienes se contactaba o conversaban gratamente aunque fuera sólo frente a las cámaras ahora lo criticaban. Podía sentir la mirada de los miembros sobre sus hombros, un bufido escapa de sus belfos en el momento que RyeoWook decidió tomar su abrigo café. El mánager había sido bastante claro al respecto, ningún miembro podía salir de la sala de ensayos hasta que el eternal maknae fuera dirigido al lugar en donde se realizaría la conferencia de prensa que la compañía había preparado para que ambos aclararan aquel ‘mal entendido’, desafortunadamente para el más bajo, ChangMin no aparecía en SM Enterteiment desde el desafortunado encuentro.

No obstante, RyeoWook era bastante testarudo cuando se lo proponía, más aún en su estado actual, en el cual sentimientos de tristeza, confusión, lo embargaban, odiaba ser el chisme actual. Sus compañeros no lo detuvieron, afectados bastante de la situación en que su hermano menor se encontraba. Desde el comienzo de la relación habían apoyado ambos menores, ayudando a estos cada vez que podían, siendo idol, sabían que era bastante difícil mantener una relación amorosa siendo famosos, más aún una relación homosexual.






RyeoWook caminaba en completo silencio, con las manos en los bolsillos, jugando con las llaves de su auto blanco, las cuales se paseaban con completa libertad por entre sus largos y delgados dedos. Sabía que si caminaba tranquilamente se ganaría la mirada de todos los presentes, por lo que, no le extrañó que los desconocidos voltearan para observarlo, no le sorprendía para nada, era alguien nacido y criado en los suburbios después de todo. Entre esas miradas podía distinguir repulsión, algunas otras que no sabría describir bien, expresiones que no deseaba averiguar, un par de sonrisas de algunos de sus compañeros de trabajo con los cuales se relacionaba. Agradeció el momento en que dos de sus noonas estilistas se acercaron a abrazarlo, demostrándole de esa manera su apoyo.
Los flash de las cámaras no tardaron en llegar en el momento que decidió acercarse a su automóvil. No supo en que instante los periodistas lo rodearon, cortando la distancia que lo separaban de ellos para poder comenzar una entrevista, preguntas de las cuales no se refirió en ningún momento, optando por mantener silencio ante el interrogatorio al cual era sometido. Jamás en su vida le había costado tanto salir del estacionamiento de la compañía, el llegar a su vehículo le resultó una odisea, tampoco se dio cuenta cuando los guardias de la SM Enterteiment llegaron al estacionamiento, sintió algo de miedo, sin embargo, no se dejaría atrapar fácilmente. Aceleró, una maniobra rápida fue suficiente como para alejar a las personas que lo rodeaban, antes de volver a apretar aquel pedal, huyendo lejos de allí.

Saco su teléfono móvil de su chaqueta café, observando el aparato de reojo, más concentrado en conducir hasta un lugar en donde pudiera aclararse un poco, al mismo tiempo que marcaba aquel número de uno de sus contactos favoritos, uno de los pocos  que conocía de memoria. Pero llamar seguía siendo una misión imposible, el menor, por más que intentara ubicarlo le colgaba, desviando a la grabadora cualquier posibilidad de volver a hablar, de sentirse nuevamente tranquilo, de intentar aclarar aquella confusión que lo estaba destrozando.

ChangMin~ah…Dijo en un murmuro, disminuyendo un poco la velocidad de su vehículo. …No fuiste a la compañía hoy. A medida que las palabras salían de sus labios su voz comenzaba a debilitarse. Quería verlo, necesitaba verlo, necesitaba comprender que es lo que había pasado…Ayer, todo había estado bien en el día anterior, conversaron como siempre por teléfono en la mañana, antes de ir al trabajo, ambos felices al saber que estarían en el edificio de la compañía, podrían encontrarse allí, tal vez almorzar juntos. Pero su felicidad se había desmoronado en el momento que el menor lo enfrentó en la entrada de la compañía, dando por terminada su relación sin que pudiese objetar nada. ─ ¿Me contestarás ChangMin? ¡¿Qué diablos te pasa?! ─ No pudo evitar alterarse, aquellas lágrimas saladas comenzaron a rodar por su mejilla. Frenó el vehículo, reconociendo de inmediato el lugar donde estaba, la casa de sus padres, en Incheon. ─ ¡¿Ni eso merezco?! ¿No me contestarás? ─ Ambas manos llegaron al claxon, presionando con fuerza al mismo tiempo que la llamada se cortaba, dejando a un RyeoWook apoyado sobre el manubrio, sollozando, fuera de aquel lugar en donde podría descansar, al menos unas horas, aquella casa en donde se sentía seguro, protegido. Maldijo en voz alta, su voz aguda se escuchaba mucho más apagada de lo habitual, las lágrimas seguían cayendo por su suave piel, corriendo aquel delineador negro que adornaba sutilmente sus ojos, sabiendo que el menor no lo escucharía, pero ya no importaba. Hoy, quería soju.






Park YooChun sintió su teléfono personal vibrar dentro de su bolsillo, se removió inquieto, últimamente el ambiente estaba bastante serio, constantes preguntas acerca de la sexualidad del maknae de su antigua agrupación y uno de sus amigos cercanos de Super Junior le llegaban de diferentes medios, queriendo todos tener las últimas noticias de aquello. La chica que tenía en frente terminó sus líneas, sonrió de lado hasta que la luz se apagó, dando por terminadas las grabaciones del día. Suspiró, su mirada se desvió hacia su teléfono, conocía aquel número. Realizó una leve reverencia antes de dirigirse hacia donde su mánager, susurrando unas palabras en el oído de este antes de comenzar a caminar hacia la camioneta.

RyeoWook~ah.─ Murmuro, su preocupación aumentó al escuchar los sollozos del menor, definitivamente, se encargaría de golpear a ChangMin cuando lo viera nuevamente, no debía hacer llorar a sus mayores, menos al chico con el cual llevaba bastante tiempo de relación. Se maldijo internamente, podía suponer en qué clase de lugar se encontraba su dongsaeng.─Dime exactamente tu ubicación RyeoWook..

La camioneta negra comenzó a avanzar, imponente en comparación con los demás vehículos que lo rodeaban, Park YooChun se abría paso entre las calles de Seúl con astucia. Se encontraba cansado, prácticamente no pudo dormido nada debido a las grabaciones, además de la presente preocupación por aquel que consideraba su hermano pequeño. Había intentado comunicarse incontables veces con ChangMin, pero Max muy irrespetuosamente no le contestaba a él ni a nadie, YunHo, JaeJoong y JunSu, todos trataron comunicarse con el alto, intentos fallidos por su maknae testarudo. Su antiguo líder les había comentado sobre aquel rumor reciente que corría en la compañía, si era cierto lo que le decía, RyeoWook pronto entraría al servicio militar, desconectándose de todo su alrededor, tal vez le haría bien; no obstante, no podía ser ciego, debido a la situación actual los ataques que recibirían ambos serian constantes, la homofobia en el mundo seguía siendo grande después de todo.
Gruño, estacionando su camioneta, obteniendo una imagen que jamás le hubiese gustado presenciar pero que, contradictoriamente, se esperaba.  Apretó sus puños, sintiendo la ira esparcirse por su cuerpo. RyeoWook era un chico tranquilo, callado, “inocente”, en pocas palabras, una buena persona que, estando sobrio, no sería capaz de molestar a nadie. Si ese era el caso ¿Por qué observaba a dos imbéciles amenazándolo? Park YooChun caminó en dirección de esos tipos, los cuales reclamaban que las personas que salían en TV no debían tener una sexualidad, según ellos, retorcida. Pero aquellos tipos no conocían ese mundo, lo podía distinguir desde lejos, puesto que existían muchas parejas homosexuales entre idol’s.

Tomó de la muñeca al delgado muchacho de cabello teñido, el color amarillo de su pelo le causaba repulsión, o ¿Tal vez el hecho de que este se atreviera siquiera a amenazar a su dongsaeng era lo que causaba aquello? No lo sabía ni le interesaba en ese preciso momento. El dios de cabello corto empujó al de cabello oxigenado lejos del alcance de RyeoWook. Por supuesto el otro muchacho que no había observado con detención, no tardó en desaparecer de su vida. YooChun no pudo evitar soltar una pequeña carcajada al observar cómo es que su dongsaeng levantaba la mano, pidiéndole al barman que le sirviera una copa.

RyeoWook era así, soñador, distraído, esquivo. No lo entendía, a pesar de ser uno de los hyung’s con los que el menor tenía mayor confianza a veces creía que el menor era de otro planeta, completamente diferente a cualquier otra persona que conociera, tan sencillo pero a la vez tan complicado. Lo podía notar con solo verlo, allí sentado, aparentemente ajeno a todo lo que lo rodeaba, pero a su vez atento, alerta, añorando saber qué es lo que sucedía, la razón que ocasionó todo aquello, al mismo tiempo que bebía soju. Quería preguntarle, la curiosidad lo carcomía ¿Se iría al servicio militar? ¿De verdad?

Se disculpó con el menor, encaminándose hasta el baño, pensando en todo lo que ocurría. La sonrisa de ambos maknaes era algo habitual cuando estaban juntos. Una pareja singular, que se complementaba a la perfección. Recuerda haber reído en el momento que ChangMin le comentó como es que había un muchacho realmente lindo en el proyecto numeroso, proyecto que en un  futuro llamaron Super Junior, agrupación con la que grabaron una canción que se hizo bastante popular.

Para ese entonces  la cercanía entre ambos era mayor, las risas, miradas, toques ¿En qué momento comenzó exactamente aquello? Nadie lo sabía con exactitud, aunque todos compadecían al tierno Ryeo por tener un agujero negro de estómago como pareja, puesto que, el futuro de RyeoWook era claro, encerrado en una cocina, preparándole comida  al alto de su pareja. Sin embargo no fue así, las dificultades de su carrera, la separación con los chicos convirtió al más bajo en algo más que su amante, el adorable chico pasó a ser su principal apoyo y confidente. YooChun era consciente de que RyeoWook era una de las personas más importantes para ChangMin, era por eso que no entendía la actitud que el más joven había tomado.

Pero tampoco podía comprender al eternal, no entendía cómo es que había logrado escabullirse nuevamente, puesto que, lo único que encontró en la barra cuando volvió nuevamente fueron un par de billetes, de Kim no había rastro.